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lunes, agosto 31

El fallido

Esta insignificancia nuestra.
La entrega sumisa, ingenua,
al "todo va a salir bien".
O el estoicismo: todo saldrá como tenga que salir y mientras tanto yo estaré. Hasta que la muerte me separe de mis dudas. Mis dudas. Mi antimateria mental. Un posible infierno sería seguir dudando de mi existencia después de muerto, porque entonces, sin la perspectiva del fin, ¿qué daría alivio a mi alma?
Con estos pensamientos afronto mi vida y supongo que hay una esperanza innominada en mis planes pues sigo adelante con la enorme farsa de mi tiempo, parando a tomar aliento en oasis de amistad, agua de amigos para la sed horrible de ser humano. Sed humana.
No quiero morir/no sé vivir. Me canso de tratar de definir términos que me sobrepasan tanto, me entrego a la subsistencia y a lo cotidiano. Me canso de esto también, de ser uno más, de no trascender. Es este impropio deseo de lo efímero, lo inevitablemente efímero, de permanecer y purificarse, hacerse perfecto, infalible, esférico, lo que me devuelve a estas ensoñaciones ignotas que trascribo: el vago intento. El fallido.
Hay todo un universo de cuerpos celestes y yo solo acabo de empezar a describir la habitación en la que me encuentro. ¿Qué hay tras la ventana? Todo allá se mueve y es inmenso. ¿Y lo que ya se movió y fué? Todo eso es el "para siempre" de los "nunca". ¿Y todo lo que venga a la postre, seca ya tinta y sangre?
Eso es materia de locura o ficción.
¿Y si no supiera estas palabras?


Noche estival
Noche de estío
Si no supiese estas palabras,
vivirían informes
en mi interior sombrío
Lejos de la luz
Ajenas al bien o al mal
Y yo sin ellas sería un yo más lleno
Y el mundo un lugar más vacío
más quedo como una tierra sin mar.
Mi hastío sería bostezo
Mis diarios terreno baldío
Mi plegaria muda genuflexión del rezo
Mi tropiezo olvido